domingo, 22 de febrero de 2009

Universidad y Sobonería

(Publicado en “Catalaxis. Revista Ilustrada de Estudiantes de Ciencias Económicas” N° 3, Julio de 1996. Lima: Sociedad Corsaria & Editores)
"Tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela"
Gabriel García Márquez
El profesor Canice Prendergast (1) (Universidad de Chicago) dedicado al estudio de la microeconomía, hace algún tiempo ha desarrollado una teoría sobre la adulación o sobonería en la empresa norteamericana, la misma que es aplicable a partidos políticos, entidades gubernamentales y universidades; podríamos decir que éste fue el punto clave para dar origen al presente texto.

El contexto en el que nos encontramos es el de una primacía del conocimiento, generador de nuevas relaciones tecnológicas en la economía. A nivel país, para propósitos del escrito, asumiremos un contexto social en el cual prima la incertidumbre (no está claro hasta donde se puede llegar, enmarcada sólo en el corto plazo); se endiosa el pragmatismo, confundiéndose éste con improvisación (la mera acción constituye el loro de objetivos trascendentes); existen pocos espacios para intercambiar puntos de vista; el comportamiento individualista y egoísta está muy extendido; se da poca importancia a los trabajos grupales; se da una reducción y desarticulación paulatina de las instituciones; lo político no se toma en cuenta. Estos comportamientos se dan en la Universidad, pero sumándose algunos problemas propios de ella; para proseguir trataremos de definir Universidad.

Universidad: institución de la comunidad dedicada a la conquista del conocimiento, la solución de problemas, la apreciación crítica de las realizaciones y la formación de la persona a un alto nivel cultural, humano, técnico, espiritual y ético.

Así tenemos que, en el interior de la Universidad, en lugar de formar sólo se informa y en algunos casos se desinforma. Muchos de sus principios han sido dejados de lado, mirándola sólo como un medio para obtener un puesto de trabajo a futuro; las currículas parecieran demasiado cerradas, no dando espacio para el estudio independiente; ni profesores, ni alumnos pareciéramos tener en claro que ambos somos agentes (no una relación emisor-receptor); de que la ciencia y el conocimiento supone interacción, enseñanza y aprendizaje simultáneo.

Analizándolos separadamente, podemos ver que por el lado de los profesores son pocos los que por su nivel académico, la manera como desarrollan sus clases, el material que brindan y su puntualidad, se ganan el respeto de los alumnos. Por el lado de los alumnos, empezar a hacer uso de la llamada Microeconomía de la Sobonería. Por ejemplo, muchos buscan indagar la opinión y posición del profesor para plasmar algo similar en los exámenes, dejando de lado su propia opinión. Se pide constantemente que se nos brinde casi todo digerido, existe poca cantidad demandada de lectura, material extra o trabajos que impliquen un esfuerzo adicional; infiriéndose que el objetivo no es formarse, sino sólo aprobar las asignaturas.

Otro ejemplo, casi nunca se critica, ni se hace sugerencias, ni se entabla diálogo frontal con el profesor, estando éste presente en el aula. Con respecto a su desempeño en el curso, se prefiere callar y evitar desentonar con el común e los estudiantes; a la vez evitar posibles problemas con el profesor. Prendergast sotiene que el “efecto sobón” es generalizado, especialmente cuando los profesores son autoritarios y/o mediocres.

Se desvirtúa la esencia de la Universidad, se deja de lado el pensamiento crítico, independiente y creativo. A la vez algunos estudiantes, llamémosle más conscientes del problema, por un análisis costo-beneficio preferirán no asistir a clase, ya que lo que debió ser un bien se transforma en un mal (no querrá consumir más dicho servicio), lo asumirá como un obstáculo en su formación como persona y profesional. Las consecuencias de esto se hacen presentes cuando los alumnos, ya casi profesionales, transmiten esos patrones en sus puestos de trabajo.

Cabe señalar que la microeconomía de la sobonería puede también ser usada para analizar relaciones entre profesores y jefes de unidad, decanos o rectores, el “sí señor” será frase clave para ascender más rápido y más alto tanto en cargos, como remuneraciones.

Como conclusión se puede inferir que debido a la racionalidad y su contexto social, sumado a la distorsión o falta de conocimiento de lo que significa ser universitario y al poco cuidado que en ocasiones se tiene para seleccionar al personal docente, en muchas ocasiones se deriva en situaciones sociales y económicas nada deseables, asumiendo un punto de vista distorsionado sobre la Universidad y el país.





(1) Nota: para la redacción de nuestro artículos tuvimos acceso a ciertos avances del tema que luego se plasmarían en: Prendergast, Canice y Robert Topel. "Favoritism in Organizations," Journal of Political Economy, Vol. 104, No. 5, October 1996

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